domingo, 16 de abril de 2017

Di vis pacem para bellum.


Yo he estado agarrado a la piel de una guerra,
A una de esas que aun le quedaban un par de batallas-conmigo digo-
Una de esas de cien cañones por banda 
Esa que esta buena de cojones, y esta preciosa cuando todos de mueren por follarsela, pero no es de nadie.
Que ella viaja sola, de equipaje de mano ligero y de pecho vacío.
La chica a la que se le dedicaría canción de Pereza.
Y por eso yo me hubiese quedado con ella, por que es de esas de que cuando se apaga la música y se encienden las luces, sigue bailando.
Y si, dicen que también le faltaban un par de años -conmigo también, digo-

Pero ella se queda con el fuego de nadie, ya que en Madrid no nieva y falta demasiada poesia.

Esas de beso de muerte, tiro dado, y muevo ficha, 
Tiro por que me toca, y a la cabeza directo.

 -Al tiro me refiero-

Y por eso de las pecas y esos ojos.
De las lagrimas frías, y al fin y al cabo,


De todo el invierno que le queda por delante, para la próxima guerra.

luns, 10 de abril de 2017

En el pecho del lobo.

Seguro que esta loca de cojones, de ahi
esos infinitos ojos azules.
Cada vez que ella ríe suena la flauta mágica de Mozart
La de la gota de vodka frutas en los labios después de un beso de drama.
La directora de su película y el peor guión jamas escrito, la niña de cuento, la pequeña Anna Frank a la que todos le salvaríamos la vida.
La chica del drama -por eso de sus incontables lunares de los que nadie sabrá nunca.
A ella le rugen los leones en Cibeles y le lloran los aventureros.
La de las faldas cortas y las noches muy largas en Sanse
Es de esas que deja cicatriz donde apoya sus labios labios cortados.
La que te haría ludópata, ególatra y narcisista cada vez que abrieses la boca para decirle que jamas cerrase la suya, que siguiera con los versos. Que te dedicase algunos mientras duermes, que te pintase los sueños en lienzo , y se tragase tus pesadillas.
Me harías mago, ilusionista y títere cada vez que me tocases la mejilla y me hablases al oido. Me harías saber que jamas un suicida amo tanto su caída.

Y allí con la boca en el bordillo y el corazón en la mano -como no, echo un puño-
me dirías que aprendiese yo solo a levantarme, que las mujeres de pecho fuerte viajáis solas.
Me harías de piedra, como un muro de hormigón.
Y luego con tus dedos -de eso se trataba la cosa-Me harías polvo.
Y yo -como siempre vengo haciendo-
No haría nada

Salvo intentarlo otra vez.